
El tenis y mi profesión llevaron a especializarme en el cuerpo en movimiento, formándome como kinesiólogo y trabajando con deportistas que buscan jugar sin dolor.
Pero hubo algo que me hizo cambiar el enfoque: veía jugadores, incluyéndome, que seguían con molestias a pesar de entrenar o tratarse.
Ahí entendí que el problema no era solo el dolor, sino cómo se adaptaba el cuerpo en movimiento.
Empecé a analizar la postura y los gestos en tenis de forma más precisa.
Hoy aplico ese enfoque para ayudar a jugadores a entender su cuerpo, corregir lo que les genera sobrecarga y volver a jugar con más seguridad y menos dolor.